Suso Cecchi d’Amico

Suso Cecchi D'Amico

La Reina de Cinecittá y el neorrealismo italiano

A mediados de los años cuarenta, en las entrañas de un pueblo asolado por el fascismo se gestó el neorrealismo italiano, surgido como una respuesta al estilo histórico y musical impuesto por Mussolini como herramienta de propaganda. Este nuevo movimiento volvió a darle peso a los sentimientos de los personajes, a las relaciones entre ellos y al desarrollo descarnado y sin concesiones de los problemas reales del pueblo.

La improvisación fue un pilar importante de este movimiento, así como los elencos de actores y actrices no profesionales, que en muchas ocasiones representaban sus propias vidas. Esto chocaba de frente con la frivolidad y el sobrecargado optimismo del cine de la época anterior.

Fue en el seno de este movimiento donde desarrollaron el núcleo de sus carreras cinematográficas directores como Roberto Rossellini, Vittorio de Sica y Luchino Visconti. Pero no hablaremos de ellos hoy, sino que nos centraremos en la que con toda justicia se ganó el sobrenombre de La Reina de Cinecittá.

Hija de la pintora Leonetta Pieraccini y del escritor y guionista Emilio Cecchi, Giovanna Cecchi (1914-2010), apodada Suso por la familia, perteneció a la alta burguesía intelectual romana de principios de siglo. Debido a sus convicciones antifascistas se unió a la resistencia, por lo que acabó refugiándose en una granja de su familia, cerca de Florencia.

Mi hijo profesor

Ya caído el fascismo, a sus 32 años estrenó su primera película en 1946, Mio figlio professore (Mi hijo profesor), dirigida por Renato Castellani, y desde entonces no paró de escribir durante 60 años, hasta el estreno de Le rose del deserto (La rosa del desierto,  2006), dirigida por Mario Monicelli.

Sus trabajos más premiados fueron con Vittorio de Sica (El ladrón de bicicletas, Milagro en Milán), Luchino Visconti (El gatopardoSensoRocco y sus hermanosBellissimaEl extranjeroLudwigConfidenciasEl inocenteNosotras las mujeres), Mario Monicelli (Casanova ’70), Franco Zeffirelli (La fierecilla domada) y Mauro Bolognini (Metello).

Entre sus muchos reconocimientos, destaca el Grado Honorario de Lengua y Literatura concedido por la Universidad de Bari con la siguiente motivación: “Su técnica feroz y sus vastos conocimientos fueron muy valiosos en el valor literario de sus películas (…) Ella volvió a trabajar temas originales con una visión profunda y un extraordinario sentido literario cinematográfico”.

Además de esto, fue condecorada con la Oden al Mérito de la República Italiana y con el León de Oro en el Festival de Venecia de 1994 en honor a su trayectoria.

El gatopardo

Suso Cecchi d’Amico no se consideraba una artista, sino una artesana que disfrutaba haciendo comedia (aunque también escribía drama) y trabajando en equipo. Le gustaba la forma de rodar del neorrealismo, que implicaba bajos presupuestos y que facilitaba que los equipos de rodaje fueran grupos de amigos que se juntaban para perseguir historias por la ciudad, para escribirlas juntos y discutirlas, para rodarlas en las calles y en sus casas, con luz natural, sin focos y sin las exigencias de rentabilidad de cualquier productora posterior.

Si aún no sabes por dónde empezar a ver sus obras, permítenos decirte que en 1954, la revista Sight and Sound publicó su primera lista de “Las diez mejores películas jamás hechas”, Ladri di biciclette (Ladrón de bicicletas) estaba en primer lugar en esa lista. En 1962 fue puesta en el séptimo en la misma lista. Ocupa el primer puesto en la lista de “Las 50 películas que deberías ver a los 14 años“.

Ladrón de bicicletas

 

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